Temporada 2 · Cartas desde el Polvo Marciano · JVV-T2-02
Genomas anticongelantes: crisálidas humanas para vuelos de 9 meses
I Primera carta
Estimada doctora Okonkwo:
Le escribo desde la enfermería del Cycler 3, a ciento noventa días de Marte, con la mano izquierda entumecida y buenas noticias.
Su injerto funciona. Las proteínas anticongelantes del Dissostichus mawsoni —la misma que mantiene líquida la sangre de un pez a −1,9 °C— se expresan en el catorce por ciento de mis eritrocitos. El resto de la tripulación va entre el nueve y el veintidós.
No hemos hibernado. Eso quiero dejarlo claro antes que nada.
II Lo que sí ocurre
No dormimos nueve meses. Lo que hacemos es más modesto y más raro: bajamos el punto de congelación de los fluidos periféricos y dejamos que la nave se enfríe.
La cabina va a 11 °C. El ahorro térmico es de 4,2 kW continuos, que en ciento noventa días son mil novecientos kilovatios-hora que no hubo que llevar.
«No viajamos dormidos. Viajamos fríos, que es distinto: seguimos discutiendo, solo que más despacio.»
III Tabla de la tripulación
| Expresión | Temperatura periférica | Efecto reportado | |
|---|---|---|---|
| Ayala | 22 % | 29,1 °C | dedos violáceos, sin dolor |
| Bö | 17 % | 30,4 °C | sueño fragmentado |
| quien escribe | 14 % | 31,2 °C | entumecimiento, buen ánimo |
| Ngata | 9 % | 33,0 °C | ninguno, y lo lleva mal |
Ngata es el problema del experimento, doctora. No le pasa nada. Y en una tripulación donde todos cambian menos uno, el que no cambia empieza a sentirse excluido de su propia especie.
Eso no estaba en el protocolo.
IV Ritual de a bordoseguro
Hemos empezado algo que quizá le interese.
Cada tercer día, a las 19:00, nos sentamos los cuatro y colocamos las manos sobre la mesa durante diez minutos. Nadie habla. Se trata solo de mirarse las manos: cuáles están rosadas, cuáles no.
Ningún riesgo. Ninguna intervención. Solo diez minutos de mirar qué le está pasando al cuerpo del otro, que es la única forma que hemos encontrado de que el cambio sea colectivo y no privado.
V Lo que me preocupa
La crisálida es una metáfora mala y la usamos igual.
El insecto que entra en la pupa se disuelve por completo: no hay oruga dentro del capullo, hay una sopa de células que se reorganiza. Lo que sale no recuerda haber sido lo que entró.
Nosotros sí recordamos. Llegaremos a Marte siendo exactamente quienes salimos, con catorce por ciento de sangre de pez antártico y todas nuestras discusiones intactas.
Eso es lo contrario de una crisálida. Es un traje interior.
Y me pregunto si el error del programa entero no será ese: llamar transformación a lo que es equipamiento.
VI Coda
Si dentro de dos generaciones alguien nace ya con el injerto —sin haberlo pedido, sin haber viajado, sin recordar un cuerpo anterior—, entonces sí habrá crisálida, y nadie de los que la construimos estará para verla.
Hasta entonces seguimos aquí, a once grados, con las manos sobre la mesa cada tercer día, comprobando de qué color se está poniendo la tripulación.
Con afecto y ciento noventa días de frío, la enfermería del Cycler 3